lunes, 3 de septiembre de 2012

Luis Marín "El artillero del Atleti en la preguerra"

En la época actual que vivimos Falcao es considerado por medios y aficionados como probablemente el mejor delantero del mundo, por ello es buen momento de hablar del máximo goleador del Atlético de Madrid de los años 30, Luis Marín, que marcó 91 goles en 220 partidos lo que le hace ser el décimo segundo en el ranking de anotadores en la historia del club. Nacido en Villafranca de Ordizia, provincia de Guipúzcoa (España) en 1906, fue un delantero muy fuerte y potente con un gran remate de cabeza propiciado por sus fantásticas cualidades de salto. Intimidaba a los defensas con su nariz de boxeador que demostraba haber vivido muchas batallas en el terreno de juego. 

Inició su carrera en el Unión Sporting con 18 años y tras dos temporadas ficha por el Racing de Madrid, club en el que tuvo problemas y donde se declaró en rebeldía para fichar por el Atlético de Madrid en 1929. Debuta con los rojiblancos en un torneo en Tetuán con motivo de la inauguración del estadio de la ciudad marroquí ante el Real Madrid y parte como titular en el primer partido de la recién creada competición liguera marcando el segundo gol, que ayuda a los colchoneros a ganar el encuentro frente al Arenas de Guecho. Ese curso logra 14 goles gracias a las asistencias de Luis Olaso desde el flanco izquierdo y a las magníficas combinaciones que realiza con Cosme. Al año siguiente anota 12 dianas pero no sirven para que el Atlético mantenga la categoría y baja a Segunda División, allí se mantienen hasta 1934 en que logran el ascenso. En el último Campeonato de Liga antes del comienzo de la Guerra Civil, el equipo finaliza penúltimo (no se consumó el descenso finalmente por el conflicto bélico y se mantuvo en Primera tras ganar una promoción al Osasuna en 1939) tras perder en la jornada 22 frente al Sevilla con el famoso penalti fallado por Chacho y el presidente Del Valle dimite, abriéndose un nuevo panorama en la entidad que hace posible la fusión con el Aviación y la venta de futbolistas para aliviar la precaria situación financiera. Se traspasó a Luis Marín al eterno rival junto con Ipiña pero la guerra cortó su trayectoria deportiva. En el Real Madrid disputó dos campañas tras el reinicio de la Liga en 1939 anotando únicamente 5 goles en 25 partidos. Con 35 años se marcha al Granada que debuta en 1941 en la Primera División y se convierte en un fijo en las alineaciones y componente de la delantera formada junto con Trompi, César, Bachiller y Liz. En las cinco temporadas que estuvo en el conjunto andaluz disputó 118 encuentros entre todas las competiciones consiguiendo 46 dianas. A punto de cumplir 40 años no se retiró del fútbol sino que jugaría tres campañas más, dos en el Antequerano y una en el Ceuta para poner fin a su carrera en 1948.

Habitualmente jugaba con una boina (algo característico en aquel momento) para ocultar su calvicie. 

Falleció en enero de 1978 a los 71 años de edad.

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