miércoles, 8 de octubre de 2014

El fracaso de Didí en el Real Madrid

El periodo estival es el momento álgido del año en que los clubes realizan fichajes de cara a la nueva temporada que va a comenzar. El Real Madrid siempre es un animador del mercado por el gran número de nombres con el que le relacionan y por la enorme cantidad de dinero que suelen desembolsar en los traspasos. Hace más de medio siglo, en 1959, siendo tetracampeón europeo, incorporó a Waldir Pereira “Didí”, una de las estrellas del pasado Mundial de Suecia 1958 y campeón con Brasil. Sin embargo su paso por el club blanco fue una auténtica decepción en todos los sentidos.

El brasileño era un medio de gran habilidad, visión de juego, calidad y eficacia en el pase y excelente disparo. Sin embargo siempre se le acusó de ser un jugador lento, indolente y muy irregular. Además fue el inventor de la folha seca, un chut envenenado en el que la pelota tras tomar una trayectoria ascendente cae de forma vertiginosa describiendo una parábola. El hallazgo fue casual ya que Didí al estar lesionado del tobillo no podía golpear con normalidad el esférico. Entonces decidió probar pegándole con la punta y cortando el balón por el centro ya que de esta forma el pie no le dolía, fortaleciendo desde ese momento los tres dedos del empeine.

Su traspaso se cerró en 80.000 dólares a mediados de Julio de 1959 y el presidente de Botafogo, el señor Azeredo, informó además de que Didí que por entonces tenía 30 años cobraría en la institución merengue 4.500.000 cruceiros por tres temporadas. 

Real Madrid 1959-1960

Didí vistió por primera vez la zamarra blanca en un amistoso ante el Fortuna ‘54 Geleen neerlandés y debutó en partido oficial en el encuentro de la 1ª jornada de Liga ante el Betis. Su participación fue de más a menos y tras el cese de Fleitas Solich (su gran valedor) como técnico, únicamente participó en un encuentro con Miguel Muñoz en el banquillo. En la Copa del Generalísimo no podía actuar al ser extranjero y en la Copa de Europa, en una edición que conquistaría el Real Madrid por quinta vez consecutiva no saltó al campo ni un solo minuto. En total disputó 19 partidos de Liga y 12 amistosos. Pocos momentos brillantes dejó para el recuerdo, aunque si hay que destacar algunas actuaciones suyas estas se produjeron en el choque contra el AC Milan en el Trofeo Ramón de Carranza y en los duelos de la competición doméstica ante Sevilla, F.C. Barcelona y Real Sociedad. Frente a los milaneses, en uno de sus primeros partidos como madridista marcó un hat-trick que resultó clave para vencer a los pupilos de Luigi Bonizzoni en semifinales por 6-3. Mientras que en el torneo de la regularidad contra el Sevilla desatascó el encuentro con un gol parabólico que se coló en la portería de Manolín, ante los culés hizo una segunda mitad primorosa siendo el director de orquesta blanco en el triunfo por 2-0 y en Atocha jugó un buen partido pese al césped embarrado y marcó otro bonito gol con curva desde la larga distancia. Su último partido en el club madridista fue en el Trofeo Benito Villamarín ante el Borussia Dortmund el 29 de Mayo de 1960.
 
La falta de adaptación a la vida y el fútbol español fue una de las razones principales de su sonado fracaso. Sus compañeros siempre le escucharon decir que tenía frío y la saudade brasileña hizo aparición con rapidez. Además su estilo de juego sacaba de quicio a Alfredo Di Stéfano, que observaba en cada partido que no trabajaba lo suficiente y no se sacrificaba por el equipo. Didí que tenía un ego enorme no entendió que el líder del cuadro merengue era el porteño y nunca llegaron a congeniar. Por último fue la mujer del carioca, Guiomar quien colmó la paciencia de los jugadores y la directiva del club madrileño. Escribía con asiduidad para una agencia brasileña y en una de sus publicaciones acusó a los futbolistas de que pagaban a la prensa hispana para que hablasen bien de ellos. También llegó a insinuar que Di Stéfano tenía celos de su marido y que en el terreno de juego no le pasaba el balón por racismo. Estos artículos llegaron a los oídos de Santiago Bernabéu que le firmó un finiquito de 53.000 dólares y contrató en su lugar a Luis del Sol procedente del Real Betis.

El carioca regresó a Botafogo y allí obtuvo dos Campeonatos Estatales de Río de Janeiro en 1961 y 1962, y de nuevo alzó la Copa Jules Rimet con su país en el Mundial celebrado en Chile. Posteriormente ejerció como técnico, siendo sus mayores logros el llevar a la Selección peruana a la Copa del Mundo de México 1970 y conquistar con el Fenerbahce dos Ligas y una Copa.

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